Nuestras actitudes positivas o negativas: Un éxito o un riesgo a nuestro negocio

Del factor humano y nuestras actitudes dentro del comercio detallista al cual nos dedicamos dependerá nuestro éxito en el área empresarial. Según como nosotros atendamos a nuestros clientes así será la respuesta por parte de ellos, para que decidan o no regresar a nuestro negocio. Un “buenos días”, un “¿cómo está?”, un “¿qué le podemos servir hoy?”, acompañado de una expresión positiva y humana o un gesto cordial, marca la diferencia ante un “¿qué quiere?” con voz grave y expresión de pocos amigos.

Entablar pequeñas y cortas conversaciones con nuestros clientes nos permite llegar a conocerlos y que nos conozcan un poco más como comerciantes y personas individuales. Mantenernos en armonía con las personas es una pieza importante de nuestro diario trabajo, que nos permite hacer crecer nuestro negocio física y financieramente, que preserva al igual una fiel y creciente clientela.

El comercio es cuestión de oferta y demanda, pero quienes mueven esas piezas son las personas y las actitudes de los comerciantes pueden convertirse en empresarios de éxito o no. Podrá existir el mejor producto al mejor precio en nuestro negocio, pero si mostramos una actitud negativa o pesimista ante el cliente, pueden existir varias posibilidades: una, que el cliente visite nuestro negocio porque no hay otra opción cercana donde comprar sus productos y por ello, no tenga más remedio que aguantar nuestras actitudes negativas y pesimistas; dos, que sólo nos visite una vez y nunca más lo volvamos a ver y perdamos un cliente; y tres, que nunca nos visiten los clientes potenciales, porque se han dado cuenta por medio de otros clientes que han sido víctimas de nuestra mala atención.

Los clientes más sensibles de percibir nuestras actitudes son los niños, ya que ellos son transparentes en su personalidad. Si ganamos al niño, ganamos a sus padres y demás miembros de la familia y amistades. Pero, si perdemos al niño, perdemos también al adulto, porque ningún adulto ve con buenos ojos que se trate mal a un niño.

Recordemos que somos entes sociales, que también somos clientes, que somos adultos y que un día fuimos niños. Recordemos que nuestro negocio depende de muchos elementos en juego, pero que aparte de lo financiero, nuestra parte humana juega un gran papel que marca la diferencia y eso hace que nuestros clientes siempre nos visiten. La clientela se mueve donde le ofrecen variedad de productos, buenos precios y buen trato.

El arte del comercio se trae o se aprende, y cuando se aprende se debe aprender bien. Es una escuela en donde no se deja de aprender, ya que cada día tiene algo nuevo que ofrecer.

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