Minimarket Randy

Randy Peña, un banilejo aferrado a los colmados, ha sabido prosperar a base de sacrificio, el cual lo ha llevado a ser dueño de cuatro establecimientos. Conversó con Mi Colmado en el Minimarket Randy, abierto desde 2001. Con cierto grado de humildad dice que le ha ido bien gracias a Dios. “Este es mi primer negocio y después de este tengo tres negocios más”, comienza a detallar.
Su pasión se remonta a cuando tenía ocho años, cuando comenzó a ayudar a su padre, que siempre tuvo colmados y almacenes. “Desde que conseguí mis primeros chelitos”, explica sobre la forma en la que adquirió el Minimarket Randy, ubicado en la avenida Caonabo casi con 27 de Febrero. “Cogí mucha lucha amaneciendo en Estados Unidos, entonces cuando vine compré este colmado, volví y me fui, compré otro, y así sucesivamente”, agrega. Randy Peña narra que le tomó 21 años trabajando de amanecida en suelo norteamericano, pero que felizmente “ya estamos aquí”. No obstante, dice que todavía no está tranquilo, bromea señalando que tiene que coger lucha, pero que ya no tiene que amanecer como hacía fuera del país. “Esta es una zona residencial, gracias a Dios no hay muchos problemas… la gente es más o menos pudiente”, refiere sobre la zona próximo a la avenida 27 de Febrero en la que se encuentra el establecimiento. Califica al delivery como fundamental, precisamente por tratarse de una zona tan residencial. Estima que entre el 50 y el 60 % de las entregas son hechas por sus tres empleados motorizados, de un total de cinco personas que laboran en el negocio.

Curiosa política de no poner música
“No aquí no hay música gracias a Dios, los negocios míos no marchan con música ni nada de eso”, explica alegando que es por una razón personal. “No, nunca me lo han prohibido, pero donde yo estoy no me gusta ese ambiente. Yo mismo cuando quiero bulla la salgo a buscar para otro negocios”. Sin embargo, puntualizó que sin tener música hay gente que con frecuencia, se toman sus tragos y se van. Al momento de realizar esta entrevista, se encontraba en el local un señor de avanzada edad que va diariamente a compartir allá. Al ser cuestionado sobre los productos que más se le venden, expuso que prácticamente sale todo igual. “Las personas por aquí beben igual que en un barrio, lo que pasa que se la beben en su casa”, sostuvo Peña. En casi 19 años en el Minimarket Randy ha mantenido unas excelentes relaciones con sus vecinos. 2019 “arrastrando la muela” La economía en el negocio estuvo entre dos a final de 2018, según detalló, pero durante el inicio de 2019 ha estado: “Típico año de enero la gente arrastrando la muela”. Reconoció que aunque por un lado resulta rentable el negocio, no deja de ser forzoso, lo cual atribuye a los empleados.
“Porque prácticamente el personal de colmado es muy problemático, pero hay que echar palante”, sopesa.

Sería colmadero mil veces
Sin titubear, Randy Peña aduce que sería mil veces dueño de colmados si tuviera la oportunidad. “Mil veces, ya esto está en la sangre, el banilejo lleva esto en la sangre”. Expresa que el sentir común de los nativos de Baní es decir que son colmaderos o comerciantes. “Esto es lo que más práctico a uno se le hace porque uno no tiene que buscar 100 o 200 millones para montar una empresa, prácticamente uno consigue con qué montar un colmado en la esquina y ya por ahí uno se levanta, trabajando”, apunta.

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