Los apodos en el fondo, todos tenemos uno

El apodo forma parte del dominicano desde el mismo momento en que nace. El niño se puede llamar Julio Antonio Pérez Matos, y lo primero que hace la gente es ponerle nombres como Bebo, Buchito, Minene, Julito, Moreno y cualquier otra ocurrencia según el momento en que lo vé. En cuanto a apodos y sobrenombres, tenemos ya toda una tradición, a los José le dicen Chepe o Pepe, las Alvtagracias: Tata, los Manuel son Manolo, a los Santiago les llaman Chago y Mechy, para las mercedes.

El apodo nace en el fondo de una necesidad de comunicarnos, de contactar con el otro, de referirnos al otro y por ello nos acerca y estrecha más los lazos que en un pueblo pequeño, como una tela de araña, nos unen a unos con otros.

Evidentemente, este fenómeno de los apodos no es exclusivo de un pueblo en concreto, ya que en la capital las familias más reconocidas también usan apodos.

En primer lugar, habría que diferenciar el apodo del apellido y del mote. La diferencia con el apellido esta clara, pues éste nos viene dado generación tras generación y  tiene un carácter oficial y administrativo y una validez universal e intemporal.

El apodo y el mote no tienen, por supuesto, ninguna validez a efectos administrativos o burocráticos. Aunque su diferencia con los apellidos es, pues, bien clara, no lo es tanto la distinción entre ambos conceptos. El mote siempre se basa en una característica o en un defecto fisico (el cojo, el mocho, el quemao, etc).

Según mi opinión, el apodo nace con una intención puramente diferenciadora, se transmite durante varias generaciones, que aveces resulta hasta cariñosa.

La mayor cantidad entre los atletas estelares lo encabezan beisbolistas, boxeadores y baloncestistas, quizá por ser las tres disciplinas que más practican jóvenes de bajo estrato social, donde casi todo el mundo se conoce por un apodo.

En esos sectores prácticamente nadie puede identificar a una persona por su nombre, esa es una realidad incuestionable.

En el béisbol los más conocidos son Juan Marichal (Manico), Winston Llenas (El Chilote), Miguel Diloné (La Zaeta), Rafael Batista (El Gallo), Luis Polonia (La Hormiguita Atómica), Rafael Landestoy (El Guabá), Blas Santana (El Bello bla), Pedro Guerrero (La Negra Pola), José Reyes (La Melaza), Joel Peralta (El Guapo), Nelson Norman (La Araña), Bernardo Brito (El Pupo), Miguel Batista (El Poeta) y Miguel Tejada se le popularizó el apodo de (La Guagua).

Los boxeadores no quedan ni un ápice atrás, porque sus apodos son más llamativos que en cualquier otra disciplina.

Por ejemplo, Jesús Castro (Pecho), Julio de Jesús (La Gallinita), Leopoldo Frías (El Gallito), Ángel Beltré (El Fogón), Javier Fortuna (El Abejón), Jorge Amparo (Salchichón), Norberto Jiménez (Meneíto), Víctor Cayó (Mermelada) y Danilo Cabrera (Cuero Duro), por solo citar algunos.

En baloncesto los más conocidos son José Domínguez (Boyón), Ramón Castillo (El Montante), José Monegro (El Vikingo), Vinicio Muñoz (El Fino), Hugo Cabrera (El Inmenso), Julián Mckelly (El Bombo), Frank Prats (El Ñoño) y Máximo Tapia (Tepo).

Qué opinaría de todo esto Elito (Joaquín Balaguer) sj estuviera vivo.

“Ponte ponte el tuyo, no seas bruto, no seas bobo que aquí nádie te conoce si no tienes un apodo”. Fueron esas las sabias palabras del gran filósofo dominicano Felipe Polanco “Boruga” en una famosa canción que interpretó junto al “Gordo de la Semana” Freddy Beras Goico a principios de los 90’s.

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