La idiosincrasia dominicana

Habichuelas con dulce

Dejemos de lado los efectos secundarios, las habichuelas con dulce son la marca de la Semana Santa dominicana, el equivalente al puerco asao en diciembre, si no hay habichuelas, no se gozó la época. Este dulce peculiar es una comida propia de nuestro país y a muchos les sorprendería ver cómo un gentío se agrupa para degustar un plato compuesto por “frijoles”, azúcar, leche, coco, batata, galleticas de leche, pasas y todo lo que se le ocurra a alguien echarle, siempre que quede buena. Lo mejor de todo es que nos “jactamos” del dulce, ninguna otra cultura es tan peculiar con un dulce tan raro, porque el dulce de Semana Santa no se come como postre, sino como almuerzo.

Moro de guandules con “pecao”

El favorito es el bacalao, pero acompañar la comida del Miércoles y Viernes Santos con un pescadito es cosa tan sagrada como guardar el feriado mismo.

La tradición no es criolla, pero también la hemos adaptado a nuestra realidad y la hemos acompañado necesariamente de unos guandulitos, en moro o guisado, con coco o al estilo clásico, no importa. La cosa está en que como dominicanos hemos construido nuestra comida, nuestros dulces, nuestros tabúes y nuestras ilusiones de Semana Santa con un sello indiscutible que nos hace, cada vez más, sentirnos orgullosos de las Cosas de Mi País.

Cuidadito el Viernes Santo…

Cuenta la leyenda, que quien pretenda desafiar a la sabiduría popular y negarse a mantener la recomendada abstinencia erótica del Viernes Santo se expone a “quedarse pegao” por largas horas, algo parecido al calvario que pasan los pobres perros mientras la gente los fuerza a interrumpir su placentera unión.

No podemos aconsejar que se haga o no, pues aunque lo prohibido suele ser un motivo para la emoción, es mejor dejar esas cosas para otro día, ya que nunca se sabe si para “dar un ejemplo” la vida hace que ande uno pasando trabajo por ahí, especialmente si se ha aprovechado la playa o el río para hacer una bellaquería instantánea.

La quema de el Judas

No es propio de República Dominicana, pero quemar un muñeco personificando al discípulo traidor es una actividad que hemos abrazado como nuestra, no sin antes, claro, darle el toque pintoresco que nos caracteriza.

Por ejemplo, el tigueraje de ponerle la cara de una figura pública y convertir lo que debe ser un acto religioso en una manifestación política y, por qué, en una fiesta con discusiones y romo incluidos y por ahí María se va… El más creativo suele arrastrar al pobre muñeco prendío en candela.

Si no hablas, todo se bendice 

¿Cómo se hace el agua bendita? Fácil, te levantas el Viernes Santo sin decir media palabra, recoges agua, preferiblemente de lluvia, y la pones en un lugar santo, como una esquina donde haya un santo o un altar y ¡zasss! tienes agua bendita. A esta fábula debes agregarle un poco de hojas de Albahaca y agua perfumada como la de Florida o la Colonia Chichí.

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