La evolución del pan con salsa y salami

Mucho tiempo ha corrido desde que el colmado era un simple negocio en el que se vendían productos de la canasta familiar, de hecho, en algunos se vendían hasta del armario o la gaveta familiar, porque vendían chancletas, limas de uñas, acetona, deporte, entre otros.

Los colmados pasaron de eso a la bebida, aunque para ser justos, esa función siempre la tuvo, lo único que en menor dimensión. En fin, cual sea la razón, el caso es que a todo el que está en estos establecimientos después de la segunda fría se le entra como un hambre.

Antes, cuando yo apenas visitaba los colmados en compañía de mis progenitores, esperaba impaciente el momento en el que alguien decía las palabras mágicas: “vamos a pedir una picaderita”. Es entonces cuando llegaba mi momento, de acompañar el refresco con el que habían intentado allantarme toda la noche, en un plato plático ponian queso y salami debidamente picado en cuadritos y con par de palillitos que invitaban a entrarle inmediatamente acompañados de unas ricas galleticas saladitas. A veces, a alguien se le ocurría comprar aceituna, que debo aclarar que no eran las mismas de ahora que vienen sin hueso o rellenas de anchoas, pimientos, queso y cuanta cosa se le ocurra a los fabricantes, la aceituna de bonche en los colmados del pasado era la que viene con semilla y se usaba para cocinar, la misma de la alcaparra, aunque ésta última no tenía tanta demanda.

A medida que el colmado fue modernizando sus equipos, cambiando los freezers por neveras climatizadas, el cuchillo por rebanadora, el peso por balanza y dejó en el olvido a lo que todos llamabamos “el papel de colmado” para envolver los productos, asímismo cambió su oferta gastronómica para los coros que se hacen en el colmado.

Atrás quedaron también, los años en que los trabajadores llegaban en la mañana o cuando entraba la noche y pedían un pan de agua, con dos pasadas con la cuchara de madera repleta de pasta de tomate y cuando había dinero, hasta se ponían dos o tres ruedas de salami. Sí, eso pasaba antes en los maravillosos colmados, por si usted, al igual que mi amigo Michael nunca logró vivir esos momentos, basta con preguntarle a alguien de mayor edad y verá como revive esos recuerdo.

En la actualidad, la demanda fuerte está en los sándwiches, que aunque en principio sólo se vendían en algunos establecimientos de forma tímida, lo cierto es que hoy en día la mayoría ofrece el servicio, incluso a domicilio.

Cuando los clientes destacan la calidad de un sandwich o repiten la expresión “esto está mortal”, son comentarios que enaltencen la obra culinaria que usted amigo colmadero ha logrado con un pan como base de ese exquisto manjar.

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